Los teléfonos inalámbricos en el hogar se han convertido en símbolo de modernidad y comodidad. Y es cierto, porque permiten disponer del auricular en cualquier rincón de la casa y eliminan la necesidad de que los cables antiestéticos recorran las paredes. Excepto los aparatos de peor calidad, la mayoría ofrece una calidad de sonido casi igual a la del teléfono fijo tradicional, así que todo parecen ventajas hasta que nos enteramos de que estos aparatos mantienen la casa -y los alrededores- permanentemente inundados de ondas electromagnéticas que todavía no se han demostrado completamente seguras.
Los científicos están divididos entre aquellos que hablan de inocuidad y los que denuncian sus variados y complejos efectos biológicos. El hecho es que todos nosotros estamos siendo víctimas de un gran experimento: ¿La contaminación electromagnética es dañina o no? Lo sabremos con seguridad dentro de unos años, cuando los informes epidemiológicos investiguen las variaciones en las incidencias de algunas enfermedades. Quizá entonces, dentro de unas décadas, se tomen medidas, como ha ocurrido con el tabaco.
Por el momento se sospecha que las radiaciones podrían afectar a los sistemas nervioso, hormonal e inmunitario, pudiendo ocasionar alteraciones del sueño, dolores de cabeza e incluso cáncer. Se trata de problemas de salud que pueden afectar especialmente a cierto tipo de personas hipersensibles a los campos electromagnéticos.
Potencia desfasada
La tecnología de los teléfonos inalámbricos digitales, reconocibles por las siglas DECT (Telecomunicación Inalámbrica Digital Intensificada), apenas ha evolucionado desde su aparición. Siguen funcionando con altas frecuencias pulsantes que se mantienen las 24 horas del día para mantener en contacto entre la estación base y los auriculares.
Existe un límite legal para la potencia, situado en 9,5 watios/ m2, pero, a juicio de varias instituciones independientes, está totalmente desfasado. La intensidad de las radiaciones de los teléfonos DECT se diferencia de un modelo a otro, pero son en general demasiado altas. Funcionan en el campo de frecuencias de entre 1.880 y 1.900 MHz, emiten microondas pulsátiles con valores pico de 250 mW -los valores promedio son de 10 mW- y en una frecuencia de 100 herzios. Esto significa que cada segundo emiten 100 pequeños rayos de energía. La transmisión es del mismo tipo que la de los teléfonos móviles pero emplea mucha menos potencia.
Estamos rodeados
Evitar las emisiones es complicado y a veces no tiene sentido ni intentarlo porque vivimos rodeados. Estamos expuestos a las emisiones de las antenas de telefonía móvil y las de los móviles de todas las personas que nos rodean. Se suman los campos eléctricos generados por las líneas de alta tensión, los ordenadores y las redes wi-fi, los aparatos de oficina y los electrodomésticos. Tampoco son despreciables las transmisiones de radio y las emisiones de los satélites de comunicaciones.
Como la sociedad no va a renunciar a todas estas tecnologías, lo sensato es que cada una reduzca al mínimo su contribución. En el caso de los teléfonos inalámbricos, el primer paso es eliminar la emisión continuada. En lugar de estar siempre en conexión, la base sólo debiera emitir al recibir una llamada y el auricular cuando el usuario realice una. Sólo unos pocos modelos de nueva generación evitan la problemática emisión constante, lo que al menos reduce el tiempo de exposición al campo de radiofrecuencia.
El segundo paso sería limitar la potencia de la emisión durante el modo de funcionamiento. Actualmente existen muchas diferencias entre modelos y el asunto no está bien regulado legalmente. Así, por ejemplo, un teléfono inalámbrico puede generar un campo de 100.000 microwatios a 50 cm de distancia y otro modelo sólo 30.000 microwatios. Con el valor más bajo no se pueden descartar los efectos biológicos por lo que, aunque se resienta la calidad del sonido, es preferible elegir los modelos con una emisión menos potente.
Otros aspectos a mejorar de estos aparatos guardan relación con los materiales utilizados: retardantes de llama que resultan tóxicos o PVC entre los plásticos.
Las opciones
• Un aparato de emisión discontinua puede conseguirse a través de la tienda online
www.phonetech.de (buscar el modelo Avena 377 Eco Mode de Swissvoice).
• Quien se decida finalmente a adquirir un teléfono inalámbrico de emisión continua debiera mantenerlo en cualquier caso fuera del dormitorio y de las habitaciones infantiles. Cuanta más distancia haya entre la estación base y las zonas de descanso del hogar, mejor.
• Vale la pena enchufarlo sólo cuando sea realmente necesario (no lo es, por ejemplo, cuando se está sentado al lado de una terminal fija con cable tradicional).